Principios para la toma sensata de riesgos: 4 herramientas

Principios para la toma sensata de riesgos: 4 herramientas

Si ejecutamos a conciencia cada una de los 4 principios para la toma sensata de riesgos, daremos paso a mejores resultados sin importar a qué lío nos enfrentemos. 

Los riesgos son inevitables. Tanto si conducimos a gran velocidad entre un tráfico denso, como si discutimos con un compañero durante una reunión de trabajo o invertimos nuestro dinero ganado con tanto esfuerzo. En todas esas situaciones hacemos un proceso de toma de riesgos. Como inversora, pienso mucho en los riesgos financieros, y me he interesado por las herramientas que usan los inversores para gestionar los riesgos, grandes y pequeños, a los que nos enfrentamos constantemente. Estas herramientas son:

  • La dimensión correcta
  • El momento adecuado
  • Los conocimientos y la experiencia
  • El escepticismo sobre las predicciones y promesas

Veamos cómo estos principios se podrían aplicar a tres casos muy distintos, cada uno con importantes riesgos.

La talentosa diseñadora de moda Sara Campbell vendía la mayor parte de su portfolio de prendas como proveedora de productos de marca blanca a cadenas nacionales. Cuando los comercios Talbots y Laura Ashley colapsaron durante la crisis financiera de 2008, Sara de repente perdió la mayoría de sus ingresos. Para colmo, estaba obligada a cumplir los contratos firmados con fabricantes y proveedores a pesar del declive de pedidos de clientes.

A Steve Starr, el dueño de Starr Real Estate, una agencia inmobiliaria de Austin (EEUU), le preocupaba que su directora de arrendamientos, Eve, se estuviera convirtiendo en un problema. Eve generaba conflictos con sus compañeros, disfrutaba de un descanso excesivamente largo a la hora de comer de los que volvía achispada a la oficina, y faltaba a reuniones con clientes. Cuando Steve le invitó a comer cerca de la oficina para hablar de cómo le iban las cosas, descubrió que la situación era más grave de lo que sospechaba: el encargado del restaurante le llevó a una sala privada para contarle que tenía buenos motivos para creer que Eve vendía cocaína desde su establecimiento.

Christine, una de las clientas de mi agencia de gestión de activos, le escribió a nuestra directora de atención al cliente, Nicole, para decirle que se encontraba en el extranjero y había descubierto unas antigüedades fantásticas para las que necesitaba que le enviáramos una gran suma de dinero. Nicole le confirmó por correo electrónico que le transferiríamos los fondos de inmediato. Dos minutos después, Nicole recibió un nuevo correo electrónico de “Christine”, pidiendo la transferencia de una suma aún mayor para otras “compras”. Nicole se dio cuenta con horror de que había sido engañada. La cuenta de Gmail de Christine había sido hackeada y habíamos sido estafadas por un profesional.

Entrevisté a Sara, Steve y Nicole para mi libro, Even the Odds: Sensible Risk Taking in Business, Investing, and Life (Iguale sus probabilidades de éxito: La toma sensata de riesgos en los negocios, las inversiones y la vida). Sus respuestas a estas situaciones llenas de riesgos demuestran el poder de la dimensión correcta, el momento adecuado, los conocimientos, la experiencia y el excepticismo. Incluso si no puede controlar los cuatro variables, a veces basta controlar un par de ellos.

Por ejemplo, Sara no había reconocido que había violado el principio de la dimensión correcta al depender principalmente de dos clientes. Además, Sara y su socio, Peter Wheeler, no tenían control alguno sobre un momento en e que la economía era terrible. Pero no existía manera de seguir esperando un mejor marco macroeconómico. Necesitaban actuar de inmediato para contrarrestar la triple amenaza de las ventas que caían en picado, el compromiso con una capacidad de producción mayor que sus necesidades y una liquidez muy limitada.

Apoyándose en sus conocimientos y experiencia, elaboraron una idea brillante: dada la recesión económica, se podía alquilar espacio comercial a  precios bastante bajos. Alquilarían espacios baratos para montar tiendas de marca Sara Campbell que venderían las prendas que se habían comprometido a producir. Aunque sus consejeros sugerían que se declararsen en bancarrota, Sara y Peter pidieron préstamos a sus amigos y familiares para financiar la expansión. Su apuesta salió redonda. Hoy hay 13 tiendas de Sara Campbell LTD repartidas por toda la costa este de Estados Unidos, y su negocio es más rentable que cuando se limitaba a actuar como proveedor a terceros. Emplearon sus conocimientos y experiencia para convertir el terrible momento económico en beneficios.

El caso de Steve fue algo distinto. Sara y Peter no tenían ningún control sobre el momento y ninguna alternativa salvo arriesgar su negocio al completo, algo que está muy lejos de ser la situación ideal. Pero Steve tenía un próspero negocio al que proteger. Empleó la dimensión correcta y el momento adecuado para mitigar los riesgos que presentaba Eve.

Cuando comprendió que tenía un gran problema entre manos, una empleada disfuncional y combativa que vendía cocaína en su tiempo libre, actuó con rapidez. Puso a su abogado al corriente, y juntos acordaron que Steve necesitaba despedir a Eve inmediatamente. Pero existía un riesgo importante para la reputación de Steve y la relación con sus clientes en caso de filtrarse toda la engorrosa historia.

Decidieron que, puesto que Steve podía cuantificar varias lagunas en el trabajo de Eve (su naturaleza combativa, las citas a las que faltó y el absentismo) podía despedirla sin hacer mención ni siquiera de sus actividades extracurriculares. Aun así, existía el riesgo de que intentara demandarle. Steve y su abogado decidieron que era un riesgo que merecía la pena, puesto que era menor que o seguir empleando a Eve o exponer la fea verdad sobre su relación con drogas ilegales. Y, de hecho, cuando Steve la despidió, Eve sí le demandó por despido improcedente y discriminación de género, pero los abogados resolvieron el caso discretamente y sin grandes dificultades.

En el caso de mi propio negocio, no hubo manera de recuperar el dinero. Contactamos con el FBI por si acaso, pero confirmaron nuestros temores: el dinero ya había volado. Después de comprender que el dinero enviado desde la cuenta de Christine ya probablemente no se recuperaría nunca, sólo me llevó un momento decidir qué hacer. El riesgo de perjudicar la reputación de nuestro negocio era muy alto. Sabíamos que teníamos que avisar a Christine enseguida y cubrir las pérdidas, que eran elevadas. A pesar del coste, habría representado una falta de ética y una mala práctica de negocios seguir cualquier otro camino.

Llamé a Christine y le conté que reembolsaríamos el dinero estafado de su cuenta y le pedí disculpas. Se sentía muy agradecida por nuestra rápida reacción, y ha seguido recomendándonos a otras personas. Desde entonces, hemos cambiado nuestra política de transferencias para que refleje una sana dosis de escepticismo: requerimos confirmación telefónica para cualquier transferencia inusual de más de 5.000 dólares (unos 4.500 euros), algo que ahora se ha convertido en el estándar habitual en toda la industria de servicios financieros.

Los principios de la toma sensata de riesgos, de la dimensión correcta y el momento adecuado, los conocimientos y mantenerse escéptico son útiles como herramientas que podemos aplicar a lo largo y ancho de los negocios, las inversiones y la vida. Aplicarlos concienzudamente mejorará nuestra capacidad de tomar riesgos y dará paso a mejores resultados, sin importar a qué tipo de lío nos enfrentamos.


Fuente: https://www.hbr.es/gesti-n-de-crisis/62/cuatro-herramientas-para-asumir-riesgos-como-los-mejores-inversores